martes, 12 de mayo de 2009

Encadenando la luz

Es increíble la inmensidad del universo, sobre todo cuanto más cerca lo percibimos. He visto cómo los brazos de las galaxias chocan entre sí, cómo los cientos de lunas se despegan de las nubes, mientras otros tantos soles se derriten en la incertidumbre. He visto con cierta impotencia cómo las estrellas, miles de ellas, se fatigan y caen al suelo, pisoteadas por la mismísima gravedad. Aún tengo presente esa imagen, de púlsares girando lento, colapsando porque el tiempo los ha dejado atrás, porque hemos cerrado el cielo y a su vez edificado las puertas que nos exilian a este infierno.

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sábado, 14 de marzo de 2009

Aceite a nuestra salud

Era tragicómico ver las líneas grises sobre la ciudad. Eran las estelas de inagotables soles y lunas que marcaban los compáses a la marcha de esta fría máquinaria. Comía polvo y respiraba vida como una sanguijuela arrojada al vacío. Los engranajes rechinaban y se soltaban, rodaban ladera abajo con rumbo aparente, pero perdidos en el trascendente sentido. Es cierto, muchas veces el metal nos maravilla con su brillar, pero tras él siempre ha caminado el congelado rumbo de nuestro azar.

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domingo, 8 de marzo de 2009

Alimentar y ser comido

Parecía dormir, pero sabíamos que era imposible con tanto ruido. Sin embargo la naturaleza se había perdido entre tanta esquina, y por adaptación es que aquello tenía la extraña capacidad de cruzar portales oníricos con cuanto más bullicio había. En vano trataban algunos de despertarlo, mientras alrededor los maniquíes y títeres hacían sus fetichistas danzas. Nos les convenía que despertase, por más hilos se cortaran en el intento. Y así ha funcionado siempre, quizás algún día despierte y suceda aquello que tanto tememos en lo profundo de nuestra rutina.

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jueves, 18 de septiembre de 2008

The star behind the curtain

Se dispara el primer haz, rompiendo lo que yace tras el muro del sueño. Despunta vertical, como la cascada invertida del tiempo. Alto saltan los recién liberados, y bajan serpenteando las colinas. Para unos es el continuo infierno que los exilia de su única y finita libertad, otros es la esperanza misma, una nueva oportunidad, un nuevo comienzo que una vez más derrite los hielos del pasado.
A la distancia se pueden ver los llameantes caballos embistiendo la ciudad muerta bajo el barro. Son precisamente ellos los interpretados, en castigo desde el reino del este, o como obreros que secan el lodo para seguir transitando la rutina. Para mi es simplemente la lucha eterna en lo alto, cuando la represa de piedra es desbordada una y otra y otra vez, anegando las estrellas y marcando el ritmo del tiempo infinito, aquellas vueltas del reloj de arena del que víctimas nos hace Cronos.



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