sábado 10 de diciembre de 2011

Another sunset

Es así como otro atardecer se mezcla con mis ojos
tan dulce, tan naranjo
y es así como va derritiendo cada gota de rocío que yacía en la hierba
tan húmeda tras los miles de anocheceres ante las cuales ha sucumbido
pero no es ahora, o es una vez más
ante la cual ha de beber, gota tras gota
ese eterno placer de la evaporización
de cada sentimiento, dando paso a la sangre,
pura sangre, con sus estímulos opalecientes
brillando, confundiendo, adormeciendo
pero es placentero dormir en esa cuna
es placentero lanzarse sobre esos mares
cálidos, mares.

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jueves 24 de marzo de 2011

Inflorescencia

Perdido en el caos, se estremeció por algunos segundos.
Aquellos parajes los recordaba de tiempos pasados, una memoria que volvía solo en esos instantes.
Le siguió un impulso extraño, algo así como el pequeño empujón que se dan las rocas en su juego con la gravedad.
Colores, colores. La percepción visual descrita es máxima en tales palabras. Y luz, mucha luz, pero no lo suficiente para empañar los colores.
Era la justa medida de lo visual, de lo que la retina capta a través del globo ocular. ¿Cuántos infinitos colores son aquellos que no somos capaces de ver?
A continuación desbordó el sonido. Aquella marea de partituras entrelazadas, incoherentes pero a tal unísono que cualquier orden parecería desorden.
Los nervios sobre la piel se retraían al sentir tanto, como si pudieses extirpar esa capa externa y hacerla una pelota, que sería tan grande y tan llena de caricias y golpes, quemaduras y pinchazos que volvería loco a tu cerebro si la tuvieras encima.
La lengua se hinchó como una gran babosa y explotó en una catástrofe de sangre, bañándolo todo en ese líquido que de a poco se volvía tornasol, pasando por un abanico completo de condimentos.
Finalmente el olfato. Simple, fresco, como la hierba y los árboles en la selva humedecidos por una plácida y calmada llovizna. Un respirar profundo y ahogado al compás de las pulsaciones iniciales.
Y tras la muerte, sentir.

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lunes 8 de noviembre de 2010

De lo gris y lo sólido

Cientos de años habían pasado. Quizás miles. No importaba realmente, lo que importaba es que seguían ahí, firmes dando la cara a la avalancha de segundos. Firmes, frente a la tormenta de arena de su reloj.

Cuando fueron creados nunca nadie pensó en la inmortalidad de las obras. Fueron creados en tiempos presurosos, donde la necesidad del momento no daba cabida a lo trascendente, donde la vorágine histórica había logrado consumir los últimos retoños de salvación. No salvación de algo, sino aquella salvación que viene de uno mismo. De nosotros mismos.

Pocos vestigios quedaban del esplendor que alguna vez tuvieron. En épocas remotas eran grandes obras, principales ejes del desarrollo y llaves del progreso, mas como suele suceder cada ciertos eones, esos mismos procesos se encargan de autodestruirse.

Tarde o temprano serían devastados en su totalidad. Aquellos verdaderos bosques, como selva a la cual se le ha quitado todo lo orgánico. Serían devastados, poco a poco por las arenas de los milenios, volviendo a ser lo que alguna vez fueron, aquel polvo del cual fueron extraídos y eregidos. Aquella tierra de la que fueron exiliados y obligaron inevitablemente a asesinar, con todo su contenido.

Mas los creadores nunca suelen pensar en la inmortalidad de sus obras.



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domingo 20 de junio de 2010

El desear

El aire rozaba con estoico helar mi cabello y mi expuesto rostro. Mis pasos eran aprisados, a pesar que apuro no tenía. Los últimos días la aparente confusión me había tomado el cráneo y se había encargado de mezclar esos vectores que no deben mezclarse según la actual sociedad, y por ello lo evita. Aquellas flechas que apuntan a la tierra son las que nos dirijen, y las que apuntan al cielo son las que debemos añorar, mas nadie se encarga de trepar por aquel eje.

Cuando tiembla la tierra me hago susceptible a aquel vector. Siempre formando extrañas visiones me eleva los pies, y me hace confundir, o más bien, fundir.
En mi caminar iban apareciendo rostros en medio de la calle. "Faces coming out of the rain". La música tiene su propio telón mental, y tras de el hace de las suyas.

Yo, preso de la semiconsciencia, y de cuerpo débil, me entrego a estas visiones, a ese recordar de etéreas visiones. Los brazos me explotan, rajándome la piel, brotando fibras particulares de músculos, transformando mi fisionomía. Son como gusanos de carne mutando, creciendo y aferrándose a mi hombro, engruesando mi brazo.

La sangre hervía dentro, y todo se está volviendo confuso, girando. Lo que era en un comienzo, ahora no lo es.
Las vicisitudes cerebrales comienzan a reir. La locura no es más que un recurso sustantivo, un clavo donde pivotear el caos.

La rosa surge de la frente. Negra. Inmortal.




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viernes 25 de septiembre de 2009

Haz de agujas cristalizadas

El viento suele actuar como trasporte de esencias lejanas. Eso lo sabía en ese momento, pero también tiene su propia esencia, y trae lejanos ecos con él, como si de una colección se tratase.

Mientras avanzaba atravesando la noche, visualizó a su madre. Lejana e impávida, lo contemplaba a kilómetros de distancia. En sus ciclos había visto a su chiquillo crecer, desde que era una simple semilla, pasando por los primeros brotes de los que ella procuraba alimentar con plateados líquidos y sustancias que con el tiempo echarían raíces y solidificarían dentro, para formar lo que algunos suelen llamar fortaleza, u otros principio trascendente.

La extrañaba, pero no tanto. De un tiempo a la fecha había dejado de cumplir sus deberes de hijo. Sin embargo no era porque no quisiese, más bien porque era parte de lo que ella misma le había destinado. Le entrego la mortalidad entre la inmortalidad, y debía aprender poco a poco a habitar con ello. De tal modo sus pasos se concentrarían aquí, en estas dimensiones pseudo-limitadas, lejos de su regazo, de su protección.

Pero ella siempre vigila, incluso cuando tiene los ojos cerrados. Siempre recuerda a su pequeño, a quien le aguardan muchas cosas y nada a la vez. Es parte de la existencia misma que va descubriendo, y a pesar de esa incertidumbre a la que fue arrojado, al contemplarla lo hace con paciencia, a veces con desesperanza, o incluso con desesperación, y ella siempre exitiende sus brazos de luz que llegan al corazón, y envía caricias navegando sobre el viento.

En septiembre suele ser más cariñosa, y esa mezcla de hilos de plata con fríos vapores apacigua el corazón, hidrata el alma y clarifica la mente.

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