jueves, 31 de diciembre de 2015

Space Time

A veces me pierdo en el espacio-tiempo.

Quedo atrapado en una inmersión, con el cuerpo inmóvil en un plano horizontal, con cada segundo quemándose en la piel.

Sobre eso se proyecta el viaje, surcando curvaturas inmemorables, trayendo pasajes estructurales de realidades, a veces ficticias, a veces históricas.

La inmersión requiere aguantar el aliento de los sentidos un momento, para saborear cada píxel desde su conexo interno. Aquello permite vivir lo invivido, como sueños de algodón de azúcar que un niño devora.

Y de súbito, el cohete aterriza.

Time machine

Quiero una máquina del tiempo
Cada vez que me voy a acostar
Para dormir a una hora decente.

jueves, 13 de agosto de 2015

Andes

Fantasmalmente fue apareciendo, dibujándose con blanco pincel aquellos trazos de su contorno, sobre el lienzo brumoso que las bajas nubes le otorgaban.
Allí, coronada de frío y siempre mirando hacia arriba con brutal majestuosidad.

sábado, 27 de junio de 2015

Instante

Tengo miedo de morir soñando la vida.

domingo, 12 de abril de 2015

Nait

A veces estoy, pero no me encuentro.

lunes, 27 de octubre de 2014

Fear

A veces tengo miedo. Esas imágenes se disparan en mi cerebro con tal realismo que mi ser no hace más que creerlas por unos segundos. Y se siente el apocalipsis, la desolación de una realidad posible que desgarra la humanidad de la que nos componemos por medio de las emociones intensas. Extremas. Vívidas. Así de desoladora puede llegar a ser la imaginación para el alma propia.

Nightmares.

martes, 26 de noviembre de 2013

"Mi único deseo en la vida es convertirme en la persona que mi perro cree que soy".

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viernes, 27 de septiembre de 2013

Perdition City

Adoro esas luces que se alzan al imaginar la ciudad. Una especie de metrópoli hundida ante el mar oscuro de la noche, con vapores y sonidos perdidos alzándose en rincones hostiles y helados. Con reflejos pálidos pavimentados y entes vagando en laberintos verticales.

Es una imagen del entorno urbano, reflejando la perdición ante los tiempos oscuros y presurosos donde cada gota de matices multicolores ha sido exiliada. Es una imagen de la crudeza y ese desnudo frío de un desabrigo constante, y una soledad bulliciosa.

Mas aunque tal construcción vaya en contra de la natural esencia del humano, no hace más que despertar emociones puras y propias de ese mismo paisaje. Y es que el ser es adicto a las emociones, y da lo mismo dónde esté sumergido: siempre en torno a él alzará portales y umbrales imaginarios, en el lugar donde yacen tales imagenes, cuyos destinos se precipitan a esencias de su mundo interior. Y es que en cada sentir concentrado, planetas completos aparecen en la complejidad de los mortales.

Evocado por Ulver.
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viernes, 15 de marzo de 2013

Lazos rotos

Hoy recordé la tristeza. Su forma de albergarse en el tiempo, de hibernar profundamente en los corazones.
Hoy aprendí que uno no olvida, sólo deja de recordar.
Hoy rememoré aquellas burbujas en el alma que dejan una no-existencia, un vacío exiliado.
Una supresión.

[Un paréntesis entre los cuentos]

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martes, 20 de noviembre de 2012

Momentos

El tiempo afuera se percibía con normalidad, pero dentro las confluencias mentales habían mantenido tensos por mucho tiempo y debilitado aquellos hilos de los cuales pende la conciencia. Aquel estado mermado provocaba que a momentos tus/mis ojos se detuviesen en el horizonte neuronal, suspendidos, perdidos, escuchando como el tic-tac se alejaba de su ritmo, se pausaba en sí mismo. Los tonos se volvían grises, como con la lentitud que un helado viento lava los colores de un arcoíris.
En esos momentos el morir se hace vivo. Las memorias repican a los últimos acontecimientos de la existencia y el cuerpo se aleja de su naturalidad, paralizado ante la avalancha sináptica. Pensamientos. Un segudo. Recuerdos. Otros segundo y la vida observada iba perdiendo sus colores, como sucesivas fotografías entrando en un pasado inmediato.
Algunas reflexiones y pensamientos te/me llevan a esos estados, pero en el fondo, cuando el silencio se alza en su trono, se logra escuchar aquella débil melodía que se suele ignorar: el palpitar de un latido congelado, derritiendose ante la primavera.

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sábado, 11 de agosto de 2012

Lo he visto tantas veces, que me da asco recordar.
El destello de aquella humanidad, sórdida y compasiva, oculta tras los lindes de la evanescencia,
¿puedes apreciar aquella devastación, aquello que ocurre tras los telones de tus miradas?
Siempre habra mentiras que satisfacer, siempre la autocomplacencia de tu mortalidad, mi amada.
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sábado, 10 de diciembre de 2011

Another sunset

Es así como otro atardecer se mezcla con mis ojos
tan dulce, tan naranjo
y es así como va derritiendo cada gota de rocío que yacía en la hierba
tan húmeda tras los miles de anocheceres ante las cuales ha sucumbido
pero no es ahora, o es una vez más
ante la cual ha de beber, gota tras gota
ese eterno placer de la evaporización
de cada sentimiento, dando paso a la sangre,
pura sangre, con sus estímulos opalecientes
brillando, confundiendo, adormeciendo
pero es placentero dormir en esa cuna
es placentero lanzarse sobre esos mares
cálidos, mares.


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jueves, 24 de marzo de 2011

Inflorescencia

Perdido en el caos, se estremeció por algunos segundos.
Aquellos parajes los recordaba de tiempos pasados, una memoria que volvía solo en esos instantes.
Le siguió un impulso extraño, algo así como el pequeño empujón que se dan las rocas en su juego con la gravedad.
Colores, colores. La percepción visual descrita es máxima en tales palabras. Y luz, mucha luz, pero no lo suficiente para empañar los colores.
Era la justa medida de lo visual, de lo que la retina capta a través del globo ocular. ¿Cuántos infinitos colores son aquellos que no somos capaces de ver?
A continuación desbordó el sonido. Aquella marea de partituras entrelazadas, incoherentes pero a tal unísono que cualquier orden parecería desorden.
Los nervios sobre la piel se retraían al sentir tanto, como si pudieses extirpar esa capa externa y hacerla una pelota, que sería tan grande y tan llena de caricias y golpes, quemaduras y pinchazos que volvería loco a tu cerebro si la tuvieras encima.
La lengua se hinchó como una gran babosa y explotó en una catástrofe de sangre, bañándolo todo en ese líquido que de a poco se volvía tornasol, pasando por un abanico completo de condimentos.
Finalmente el olfato. Simple, fresco, como la hierba y los árboles en la selva humedecidos por una plácida y calmada llovizna. Un respirar profundo y ahogado al compás de las pulsaciones iniciales.
Y tras la muerte, sentir.

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lunes, 8 de noviembre de 2010

De lo gris y lo sólido

Cientos de años habían pasado. Quizás miles. No importaba realmente, lo que importaba es que seguían ahí, firmes dando la cara a la avalancha de segundos. Firmes, frente a la tormenta de arena de su reloj.

Cuando fueron creados nunca nadie pensó en la inmortalidad de las obras. Fueron creados en tiempos presurosos, donde la necesidad del momento no daba cabida a lo trascendente, donde la vorágine histórica había logrado consumir los últimos retoños de salvación. No salvación de algo, sino aquella salvación que viene de uno mismo. De nosotros mismos.

Pocos vestigios quedaban del esplendor que alguna vez tuvieron. En épocas remotas eran grandes obras, principales ejes del desarrollo y llaves del progreso, mas como suele suceder cada ciertos eones, esos mismos procesos se encargan de autodestruirse.

Tarde o temprano serían devastados en su totalidad. Aquellos verdaderos bosques, como selva a la cual se le ha quitado todo lo orgánico. Serían devastados, poco a poco por las arenas de los milenios, volviendo a ser lo que alguna vez fueron, aquel polvo del cual fueron extraídos y eregidos. Aquella tierra de la que fueron exiliados y obligaron inevitablemente a asesinar, con todo su contenido.

Mas los creadores nunca suelen pensar en la inmortalidad de sus obras.



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domingo, 20 de junio de 2010

El desear

El aire rozaba con estoico helar mi cabello y mi expuesto rostro. Mis pasos eran aprisados, a pesar que apuro no tenía. Los últimos días la aparente confusión me había tomado el cráneo y se había encargado de mezclar esos vectores que no deben mezclarse según la actual sociedad, y por ello lo evita. Aquellas flechas que apuntan a la tierra son las que nos dirijen, y las que apuntan al cielo son las que debemos añorar, mas nadie se encarga de trepar por aquel eje.

Cuando tiembla la tierra me hago susceptible a aquel vector. Siempre formando extrañas visiones me eleva los pies, y me hace confundir, o más bien, fundir.
En mi caminar iban apareciendo rostros en medio de la calle. "Faces coming out of the rain". La música tiene su propio telón mental, y tras de el hace de las suyas.

Yo, preso de la semiconsciencia, y de cuerpo débil, me entrego a estas visiones, a ese recordar de etéreas visiones. Los brazos me explotan, rajándome la piel, brotando fibras particulares de músculos, transformando mi fisionomía. Son como gusanos de carne mutando, creciendo y aferrándose a mi hombro, engruesando mi brazo.

La sangre hervía dentro, y todo se está volviendo confuso, girando. Lo que era en un comienzo, ahora no lo es.
Las vicisitudes cerebrales comienzan a reir. La locura no es más que un recurso sustantivo, un clavo donde pivotear el caos.

La rosa surge de la frente. Negra. Inmortal.




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viernes, 25 de septiembre de 2009

Haz de agujas cristalizadas

El viento suele actuar como trasporte de esencias lejanas. Eso lo sabía en ese momento, pero también tiene su propia esencia, y trae lejanos ecos con él, como si de una colección se tratase.

Mientras avanzaba atravesando la noche, visualizó a su madre. Lejana e impávida, lo contemplaba a kilómetros de distancia. En sus ciclos había visto a su chiquillo crecer, desde que era una simple semilla, pasando por los primeros brotes de los que ella procuraba alimentar con plateados líquidos y sustancias que con el tiempo echarían raíces y solidificarían dentro, para formar lo que algunos suelen llamar fortaleza, u otros principio trascendente.

La extrañaba, pero no tanto. De un tiempo a la fecha había dejado de cumplir sus deberes de hijo. Sin embargo no era porque no quisiese, más bien porque era parte de lo que ella misma le había destinado. Le entrego la mortalidad entre la inmortalidad, y debía aprender poco a poco a habitar con ello. De tal modo sus pasos se concentrarían aquí, en estas dimensiones pseudo-limitadas, lejos de su regazo, de su protección.

Pero ella siempre vigila, incluso cuando tiene los ojos cerrados. Siempre recuerda a su pequeño, a quien le aguardan muchas cosas y nada a la vez. Es parte de la existencia misma que va descubriendo, y a pesar de esa incertidumbre a la que fue arrojado, al contemplarla lo hace con paciencia, a veces con desesperanza, o incluso con desesperación, y ella siempre exitiende sus brazos de luz que llegan al corazón, y envía caricias navegando sobre el viento.

En septiembre suele ser más cariñosa, y esa mezcla de hilos de plata con fríos vapores apacigua el corazón, hidrata el alma y clarifica la mente.

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domingo, 5 de julio de 2009

Coming back

Este es un texto. No, parece un texto.
Me dieron ganas de escribir, porque he sentido una sensación de rememoranza. Percibí vibraciones que hacía tiempo había extraviado, que el polvo de la vida había tragado. Pero causalidades me hacen recordar.
Recordar precisamente el punto de esencia. Las sinfonías que en ese mundo invaden el aire, invaden los pulmones, el torrente sangüíneo las células y el misterio de la existencia.
Quiero, ahora, poner altavoces. ¡Hacer que perciban las verdaderas melodías que nos atraviesan!, mas la misma vida nos ha hecho sordos.
A veces son como hadas. Azules y verdes, y plateadas. A veces son cristales caledoiscopiales, mareantes, pero tales destellos brillan en el fondo de cada persona.
O al menos tengo algo de fe que así sea. Que aún en cada silueta pueda atravesar mi mano y hacer funcionar los consumidos soles, las marchitas estrellas.
Somos un universo, somos titilaciones del espacio tiempo.

Pero más que eso, somos perdidos peces nadando en una misma pecera, día tras día, corriendo sobre la misma vieja tierra, donde encontramos los mismos viejos temores.(*)

Y singularmente ocurre a veces, encontrarme con que algún pez salta, y se le siembran alas.



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(*) Pink Floyd - Wish you were here

sábado, 20 de junio de 2009

Fluir de las fases

Desperté con gran alegría al sentir los compases sonoros tan característicos del conocido artista. Despegué cuan avión de la cárcel de Morfeo, y por lo entusiasta de mis movimientos me golpeé contra el vidrio empañado. Mi mejilla azuló, y mi oído asintió.

Continué con la rutina diaria, pero la felicidad me había invadido. Era un gusto especial, un gusto extraño que simplemente surgía y me hacía sonreir de manera algo estúpida, pero no lo suficiente para no ser comprendida dentro del rango común de la gente, a cuyo cierto porcentaje pertenecía.

Preparé una taza caliente y una tostada. De esta forma se mantiene el calor necesario dentro, pues el alma no debe congelarse. La ducha fue de rapidez higiénica y de lentitud termal: en ese día no era tan necesaria la primera.

Salí temprano y disfrute cada paso, cada hoja ya no crujiente por la humedad, cada ola artificial que barría naturalmente la calle. El día era favorito, por lo que las clases fueron más una justificación. Aún no me explicaba por qué me sentía así. Era diferente al gusto común, lo sentía.

Pero no fue que lo asimilé hasta que volvía a mi casa. El cielo fluía acariciándome, y con mi andar pingüinos habitaron mi rostro expuesto, sonriente. En ese momento fue cuando crucé trayectorias con algo, o alguien. Lo que sea que haya sido, algo ocurrió. Era como si la naturaleza de las cosas rigieran sus leyes, rigieran su vida, totalmente contrario al común de los mortales.

Él notó mi sensibilidad con aquel día, y yo noté cómo me atravesó con la mirada, sin yo mirarlo, y conjuntamente atravesó cada vibración, cada trascendencia, derribando el muro de gotas que nos separaba...

Lo había entendido finalmente: en ese instante fui agua, hielo y vapor a la vez.

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viernes, 5 de junio de 2009

As de espadas

Se comenta que aquel jugador fue uno de los más hábiles en la faz. Solía versele equilibrando su carta maestra, aquel remate con que se adjudicaba las victorias en las innumerables e infinitas partidas jugadas con lo invisible.
Un día la gravedad le ganó una partida, y enterróse el filo en la tibia y blanda existencia: una estela, un silbido, y la provocación de la herida inmortal que jamás sanaría.
Aquel as era rojo.
Aquel as era el último.

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martes, 12 de mayo de 2009

Encadenando la luz

Es increíble la inmensidad del universo, sobre todo cuanto más cerca lo percibimos. He visto cómo los brazos de las galaxias chocan entre sí, cómo los cientos de lunas se despegan de las nubes, mientras otros tantos soles se derriten en la incertidumbre. He visto con cierta impotencia cómo las estrellas, miles de ellas, se fatigan y caen al suelo, pisoteadas por la mismísima gravedad. Aún tengo presente esa imagen, de púlsares girando lento, colapsando porque el tiempo los ha dejado atrás, porque hemos cerrado el cielo y a su vez edificado las puertas que nos exilian a este infierno.

[Stgo. en 100 palabras]

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