martes, 26 de noviembre de 2013

"Mi único deseo en la vida es convertirme en la persona que mi perro cree que soy".

Creative Commons License

viernes, 27 de septiembre de 2013

Perdition City

Adoro esas luces que se alzan al imaginar la ciudad. Una especie de metrópoli hundida ante el mar oscuro de la noche, con vapores y sonidos perdidos alzándose en rincones hostiles y helados. Con reflejos pálidos pavimentados y entes vagando en laberintos verticales.

Es una imagen del entorno urbano, reflejando la perdición ante los tiempos oscuros y presurosos donde cada gota de matices multicolores ha sido exiliada. Es una imagen de la crudeza y ese desnudo frío de un desabrigo constante, y una soledad bulliciosa.

Mas aunque tal construcción vaya en contra de la natural esencia del humano, no hace más que despertar emociones puras y propias de ese mismo paisaje. Y es que el ser es adicto a las emociones, y da lo mismo dónde esté sumergido: siempre en torno a él alzará portales y umbrales imaginarios, en el lugar donde yacen tales imagenes, cuyos destinos se precipitan a esencias de su mundo interior. Y es que en cada sentir concentrado, planetas completos aparecen en la complejidad de los mortales.

Evocado por Ulver.
Creative Commons License

viernes, 15 de marzo de 2013

Lazos rotos

Hoy recordé la tristeza. Su forma de albergarse en el tiempo, de hibernar profundamente en los corazones.
Hoy aprendí que uno no olvida, sólo deja de recordar.
Hoy rememoré aquellas burbujas en el alma que dejan una no-existencia, un vacío exiliado.
Una supresión.

[Un paréntesis entre los cuentos]

Creative Commons License

martes, 20 de noviembre de 2012

Momentos

El tiempo afuera se percibía con normalidad, pero dentro las confluencias mentales habían mantenido tensos por mucho tiempo y debilitado aquellos hilos de los cuales pende la conciencia. Aquel estado mermado provocaba que a momentos tus/mis ojos se detuviesen en el horizonte neuronal, suspendidos, perdidos, escuchando como el tic-tac se alejaba de su ritmo, se pausaba en sí mismo. Los tonos se volvían grises, como con la lentitud que un helado viento lava los colores de un arcoíris.
En esos momentos el morir se hace vivo. Las memorias repican a los últimos acontecimientos de la existencia y el cuerpo se aleja de su naturalidad, paralizado ante la avalancha sináptica. Pensamientos. Un segudo. Recuerdos. Otros segundo y la vida observada iba perdiendo sus colores, como sucesivas fotografías entrando en un pasado inmediato.
Algunas reflexiones y pensamientos te/me llevan a esos estados, pero en el fondo, cuando el silencio se alza en su trono, se logra escuchar aquella débil melodía que se suele ignorar: el palpitar de un latido congelado, derritiendose ante la primavera.

Creative Commons License