martes, 20 de noviembre de 2012

Momentos

El tiempo afuera se percibía con normalidad, pero dentro las confluencias mentales habían mantenido tensos por mucho tiempo y debilitado aquellos hilos de los cuales pende la conciencia. Aquel estado mermado provocaba que a momentos tus/mis ojos se detuviesen en el horizonte neuronal, suspendidos, perdidos, escuchando como el tic-tac se alejaba de su ritmo, se pausaba en sí mismo. Los tonos se volvían grises, como con la lentitud que un helado viento lava los colores de un arcoíris.
En esos momentos el morir se hace vivo. Las memorias repican a los últimos acontecimientos de la existencia y el cuerpo se aleja de su naturalidad, paralizado ante la avalancha sináptica. Pensamientos. Un segudo. Recuerdos. Otros segundo y la vida observada iba perdiendo sus colores, como sucesivas fotografías entrando en un pasado inmediato.
Algunas reflexiones y pensamientos te/me llevan a esos estados, pero en el fondo, cuando el silencio se alza en su trono, se logra escuchar aquella débil melodía que se suele ignorar: el palpitar de un latido congelado, derritiendose ante la primavera.

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sábado, 11 de agosto de 2012

Lo he visto tantas veces, que me da asco recordar.
El destello de aquella humanidad, sórdida y compasiva, oculta tras los lindes de la evanescencia,
¿puedes apreciar aquella devastación, aquello que ocurre tras los telones de tus miradas?
Siempre habra mentiras que satisfacer, siempre la autocomplacencia de tu mortalidad, mi amada.
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sábado, 10 de diciembre de 2011

Another sunset

Es así como otro atardecer se mezcla con mis ojos
tan dulce, tan naranjo
y es así como va derritiendo cada gota de rocío que yacía en la hierba
tan húmeda tras los miles de anocheceres ante las cuales ha sucumbido
pero no es ahora, o es una vez más
ante la cual ha de beber, gota tras gota
ese eterno placer de la evaporización
de cada sentimiento, dando paso a la sangre,
pura sangre, con sus estímulos opalecientes
brillando, confundiendo, adormeciendo
pero es placentero dormir en esa cuna
es placentero lanzarse sobre esos mares
cálidos, mares.


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jueves, 24 de marzo de 2011

Inflorescencia

Perdido en el caos, se estremeció por algunos segundos.
Aquellos parajes los recordaba de tiempos pasados, una memoria que volvía solo en esos instantes.
Le siguió un impulso extraño, algo así como el pequeño empujón que se dan las rocas en su juego con la gravedad.
Colores, colores. La percepción visual descrita es máxima en tales palabras. Y luz, mucha luz, pero no lo suficiente para empañar los colores.
Era la justa medida de lo visual, de lo que la retina capta a través del globo ocular. ¿Cuántos infinitos colores son aquellos que no somos capaces de ver?
A continuación desbordó el sonido. Aquella marea de partituras entrelazadas, incoherentes pero a tal unísono que cualquier orden parecería desorden.
Los nervios sobre la piel se retraían al sentir tanto, como si pudieses extirpar esa capa externa y hacerla una pelota, que sería tan grande y tan llena de caricias y golpes, quemaduras y pinchazos que volvería loco a tu cerebro si la tuvieras encima.
La lengua se hinchó como una gran babosa y explotó en una catástrofe de sangre, bañándolo todo en ese líquido que de a poco se volvía tornasol, pasando por un abanico completo de condimentos.
Finalmente el olfato. Simple, fresco, como la hierba y los árboles en la selva humedecidos por una plácida y calmada llovizna. Un respirar profundo y ahogado al compás de las pulsaciones iniciales.
Y tras la muerte, sentir.

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