domingo, 20 de junio de 2010

El desear

El aire rozaba con estoico helar mi cabello y mi expuesto rostro. Mis pasos eran aprisados, a pesar que apuro no tenía. Los últimos días la aparente confusión me había tomado el cráneo y se había encargado de mezclar esos vectores que no deben mezclarse según la actual sociedad, y por ello lo evita. Aquellas flechas que apuntan a la tierra son las que nos dirijen, y las que apuntan al cielo son las que debemos añorar, mas nadie se encarga de trepar por aquel eje.

Cuando tiembla la tierra me hago susceptible a aquel vector. Siempre formando extrañas visiones me eleva los pies, y me hace confundir, o más bien, fundir.
En mi caminar iban apareciendo rostros en medio de la calle. "Faces coming out of the rain". La música tiene su propio telón mental, y tras de el hace de las suyas.

Yo, preso de la semiconsciencia, y de cuerpo débil, me entrego a estas visiones, a ese recordar de etéreas visiones. Los brazos me explotan, rajándome la piel, brotando fibras particulares de músculos, transformando mi fisionomía. Son como gusanos de carne mutando, creciendo y aferrándose a mi hombro, engruesando mi brazo.

La sangre hervía dentro, y todo se está volviendo confuso, girando. Lo que era en un comienzo, ahora no lo es.
Las vicisitudes cerebrales comienzan a reir. La locura no es más que un recurso sustantivo, un clavo donde pivotear el caos.

La rosa surge de la frente. Negra. Inmortal.




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viernes, 25 de septiembre de 2009

Haz de agujas cristalizadas

El viento suele actuar como trasporte de esencias lejanas. Eso lo sabía en ese momento, pero también tiene su propia esencia, y trae lejanos ecos con él, como si de una colección se tratase.

Mientras avanzaba atravesando la noche, visualizó a su madre. Lejana e impávida, lo contemplaba a kilómetros de distancia. En sus ciclos había visto a su chiquillo crecer, desde que era una simple semilla, pasando por los primeros brotes de los que ella procuraba alimentar con plateados líquidos y sustancias que con el tiempo echarían raíces y solidificarían dentro, para formar lo que algunos suelen llamar fortaleza, u otros principio trascendente.

La extrañaba, pero no tanto. De un tiempo a la fecha había dejado de cumplir sus deberes de hijo. Sin embargo no era porque no quisiese, más bien porque era parte de lo que ella misma le había destinado. Le entrego la mortalidad entre la inmortalidad, y debía aprender poco a poco a habitar con ello. De tal modo sus pasos se concentrarían aquí, en estas dimensiones pseudo-limitadas, lejos de su regazo, de su protección.

Pero ella siempre vigila, incluso cuando tiene los ojos cerrados. Siempre recuerda a su pequeño, a quien le aguardan muchas cosas y nada a la vez. Es parte de la existencia misma que va descubriendo, y a pesar de esa incertidumbre a la que fue arrojado, al contemplarla lo hace con paciencia, a veces con desesperanza, o incluso con desesperación, y ella siempre exitiende sus brazos de luz que llegan al corazón, y envía caricias navegando sobre el viento.

En septiembre suele ser más cariñosa, y esa mezcla de hilos de plata con fríos vapores apacigua el corazón, hidrata el alma y clarifica la mente.

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domingo, 5 de julio de 2009

Coming back

Este es un texto. No, parece un texto.
Me dieron ganas de escribir, porque he sentido una sensación de rememoranza. Percibí vibraciones que hacía tiempo había extraviado, que el polvo de la vida había tragado. Pero causalidades me hacen recordar.
Recordar precisamente el punto de esencia. Las sinfonías que en ese mundo invaden el aire, invaden los pulmones, el torrente sangüíneo las células y el misterio de la existencia.
Quiero, ahora, poner altavoces. ¡Hacer que perciban las verdaderas melodías que nos atraviesan!, mas la misma vida nos ha hecho sordos.
A veces son como hadas. Azules y verdes, y plateadas. A veces son cristales caledoiscopiales, mareantes, pero tales destellos brillan en el fondo de cada persona.
O al menos tengo algo de fe que así sea. Que aún en cada silueta pueda atravesar mi mano y hacer funcionar los consumidos soles, las marchitas estrellas.
Somos un universo, somos titilaciones del espacio tiempo.

Pero más que eso, somos perdidos peces nadando en una misma pecera, día tras día, corriendo sobre la misma vieja tierra, donde encontramos los mismos viejos temores.(*)

Y singularmente ocurre a veces, encontrarme con que algún pez salta, y se le siembran alas.



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(*) Pink Floyd - Wish you were here

sábado, 20 de junio de 2009

Fluir de las fases

Desperté con gran alegría al sentir los compases sonoros tan característicos del conocido artista. Despegué cuan avión de la cárcel de Morfeo, y por lo entusiasta de mis movimientos me golpeé contra el vidrio empañado. Mi mejilla azuló, y mi oído asintió.

Continué con la rutina diaria, pero la felicidad me había invadido. Era un gusto especial, un gusto extraño que simplemente surgía y me hacía sonreir de manera algo estúpida, pero no lo suficiente para no ser comprendida dentro del rango común de la gente, a cuyo cierto porcentaje pertenecía.

Preparé una taza caliente y una tostada. De esta forma se mantiene el calor necesario dentro, pues el alma no debe congelarse. La ducha fue de rapidez higiénica y de lentitud termal: en ese día no era tan necesaria la primera.

Salí temprano y disfrute cada paso, cada hoja ya no crujiente por la humedad, cada ola artificial que barría naturalmente la calle. El día era favorito, por lo que las clases fueron más una justificación. Aún no me explicaba por qué me sentía así. Era diferente al gusto común, lo sentía.

Pero no fue que lo asimilé hasta que volvía a mi casa. El cielo fluía acariciándome, y con mi andar pingüinos habitaron mi rostro expuesto, sonriente. En ese momento fue cuando crucé trayectorias con algo, o alguien. Lo que sea que haya sido, algo ocurrió. Era como si la naturaleza de las cosas rigieran sus leyes, rigieran su vida, totalmente contrario al común de los mortales.

Él notó mi sensibilidad con aquel día, y yo noté cómo me atravesó con la mirada, sin yo mirarlo, y conjuntamente atravesó cada vibración, cada trascendencia, derribando el muro de gotas que nos separaba...

Lo había entendido finalmente: en ese instante fui agua, hielo y vapor a la vez.

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